Hoy recibí una llamada muy interesante con la cual me identifiqué muchísimo. Hablabamos sobre el inconfundible sentimiento de impotencia. Ese sentimiento que a algunos(as) de nosotros(as) nos hace hervir la sangre.
La persona estaba pasando por uno de los tantos momentos en los que la frustación nos invade como proveedores de servicios a víctimas y testigos del crimen al no poder brindarles alternativas reales, efectivas y con carácter de urgencia, ya sea, por que o no existen los recursos o no se hacen las cosas como tienen que hacerse.
En estos días, en los cuales tanto se ha hablado de la violencia y se hacen tantas manifestaciones y se hacen tantas promesas, mientras todo esto sucede la vida y seguridad de muchos(as) individuos corre peligro. Lo peor de todo es que queremos que los que vieron y escucharon hablen pero en muchos de los casos no les ofrecemos las herramientas adecuadas para rehacer sus vidas.
El proveedor de servicios reconoce la peligrosidad de la situación del momento, pero se siente maniatado ante la realidad que tiene ante sí. Se comienzan a sentir los sentimientos de frustación, impotencia, desesperanza, indignación, entre otros tantos. El sentimiento de culpabilidad nos invade por que como profesionales sentimos y tenemos la responsabilidad de dar lo mejor.
Como proveedores de servicios debemos de brindar el ejemplo y transformar la frustración e impotencia en indignación. Esa indignación nos permite reaccionar ante las injusticias y situaciones mediocremente atendidas. Nos hace dar una voz de alerta a una sociedad dormida, conformista e individualista. Nos hace luchar por otros que se encuentran en situaciones complejas y faltos(as) de dirección.
La indignación hace que un pueblo se una en reclamo de acciones que beneficien al colectivo y no a unos(as) pocos(as). Hace que se forjen ideas innovadoras por aquellos que conocen el problema de día a día. La indignación obliga a hacer y no a posponer.
Es momento de que dejemos de predicar la moral en ropa interior y seamos reales agentes de cambio. Una vez, alguien muy sabio me dijo que cuando la palabra no va acorde con la acción me tengo que preocupar. Pues este momento es uno de preocupación por que la palabra de muchas personas con poder decisional, en nuestro país, no va acorde con sus acciones.
Seamos, como dice Ricardo Arjona en su canción, verbos y no sustantivos.